viernes, 15 de junio de 2007

Mis listerinos y yo

No puedo dejar de pensar en mis listerinos... ayer, a la hora del kumis se me estallaron tres. Una vez más, mis portentosos calcículos han fallado y noto que la concentración de calcio56 en este frío y extraño lugar es insuficiente. Mis listerinos se descargan con tanta facilidad que hasta una chirigota les intimida y aunque son vivarachos, estos últimos 31.900 años con 10 meses los he visto más transparentes que de costumbre y eso me alarma.
Aun no sabemos con claridad que es un karma, pero creo que antes del último estampido fluorreal no lo comimos con un vaso de leche y por eso estamos aquí. Desde entonces, cada centuria conmemoramos aquella suave brizna monomagnésica, de delicados cristalillos agudillopunzantes que, en tiempos ciniestros, se desahogó con su sabor a menta sobre la blanca superficie en que habitábamos y que ahora sólo es un puñado histórico de moronitas pirotécnicas en el vacío. Vacío marrullero que tantas veces nos ha visto desparramar, universo patanatas que sin aliento nos deja cada vez que sale a recreo. Aun así, pocas veces sus infinitas y nefastas travesuras siderales nos han tomado por sorpresa; avispados simulacros antibriznas nos mantienen prestos a la acción y nos sabemos desplazar como pez en el agua dentro del casco estelar.
Tras el último estampido fluorreal, una fila india de listerinos con inteligencia múltiple de tres y un know-how de punta encabezado por mí, tomó rumbo hacia esta tierra redondeta, no sin antes sondearla con un excepcional picacho intuitivo, que entre muchos y mejores , es uno de nuestros grandes inventos que nos permite saber a la fija, que tanto calcio56 tiene la vía láctea y lo mejor, que astro, satélite o barrio tiene las mayores reservas. El viaje fue un poco largo, una fila a pie por el espacio, de 78'96.9987.9'080 listerinos, se presta para el desorden y no es fácil avanzar. Nuestra tragedia ocurrió a tres o a lo sumo cuatro cuadras de la tierra, donde sabíamos que había mucho calcio56. Si bien en la estratosfera todo marchaba de viento en popa, en la capa gaseosa un dulce con anilina nos empezó a sentar medio mal, empezamos a empalidecer y a extendernos en punticos vaporosos, pufh...pachs..suchss, a tal punto no entendía por qué tantos puntos; empaqué la confusión y avanzamos presurosos sin saber que más adelante la aurora boreal con su onda seductora nos iba a evaporar por completo desapareciendo nuestra cultivada y multiforme belleza.
No ha sido fácil acostumbrarnos a nuestra nueva apariencia, de aquel entonces sólo nos quedó visible un diente, sin duda, este blanco panorama nos llevó a dirigir todos nuestros procesos inteligentes a la preservación de esta nueva tribu semidental cósmica. Al llegar a tan suspirado cálcico lugar parecíamos una fila de chicles en busca de un hotel, al parecer según nos dijo un caleño, vinimos por calcio56 y salimos trasquilados, creo que mi picacho no cacha bien en sitios tan calurosos como Cali, allí el clima es más abusivo que un verano en mercurio y así cualquier tecnología se marea. Como lo sospechábamos, nos empezamos a picar en medio de tanta efervescencia y pachanga, cien años más allí y nos cuarteamos, definitivamente el colmo de un organismo bello es que sea transparente y que tras del hecho se cuartee eso no cabe en la corteza del diente de ninguno de nosotros.
Es por eso que nos mudamos aquí al kilómetro 26 vía a la Calera, claro, no sin antes consultar nuestro sofisticado picacho que una vez más se descachó seguramente solo funciona en su contexto original pero de alguna forma lo adaptaremos a esta tierra redondeta, imposible que aquí no halla calcio56 si hay calcetoce y calcitrón es porque estamos cerca. Al respecto hemos realizado serias investigaciones de campo lideradas por nuestra distinguida sociedad científica de listerinos y podemos asegurar que no todo lo que comienza por cal es calcio56 y que llorar sobre la leche derramada en esta Calera posmoderna se traduce en un acto obsoleto.
Partiendo de estas aseveraciónes, construimos una compleja atmósfera artificial de supervivencia listerina, como los ungüentos de magnesio dentro de una cámara bronceadora triple acción y un cepillo láser de diente, aun así algunos listerinos, los más pequeños se estallan, estamos contemplando la posibilidad de combinar el kumis con otro revitalizante, pero creo que en todo esto hay algo de misterio que aun no logro descifrar y creo que está relacionado con ese enigma de que si queremos sobrevivir tenemos que cuidarnos mucho sobre todo después de cada comida, hay cosas que creo que no está dado a nuestra naturaleza comprender, pero seguiremos trabajando fuertemente en esto....

lunes, 12 de marzo de 2007

OBISPOS MUERTOS


Es probable, que a más de uno se nos ocurra pensar... a propósito de Botero, en cuadros o esculturas de personas y de objetos bellamente (o nó) agigantados y, en un trabajo artístico que, en virtud de su singular estilo, se ha hecho extensivo y exitoso dentro de una esfera comercial. Es decir, una relación inmediata del trabajo del artista con el gusto estético y nada más. La pintura de Obispos Muertos se puede definir por esta habitual relación, pero a su vez, por el contenido que, deliberadamente el autor ventila en su obra. Se trata de una mirada lúdica y satírica sobre una institución religiosa que en los años cincuenta pretendía propagarse, y dominar a su gusto el pueblo colombiano. Institución guiada por la luz de ¨la conveniencia"en la medianía bipartidista del Frente Nacional, y que finalmente agoniza al ver como liberales y conservadores se reparten el poder sin determinarla.
Como varios artistas de ésta década, Botero señala la violencia que atravieza el país, pero desde la cúspide, es decir, desde la violencia que se enarbola sobre el "todos contra todos" sin reparar en un por qué. Quizá en una gorda y pintoresca figura eclesiástica que, en su momento y al estilo del artista, se asemeja a un montón de obispos didácticos en una presentación divertida que viene para apilar y desparramar. En este sentido, se refleja un compromiso del autor más allá de la tecnica.